La política municipal de bienestar animal debe medirse por resultados, no por discursos. Mientras UMABA presume campañas, esterilizaciones y el esquema captura-esterilización-liberación, los indicadores de riesgo en las calles de Mérida pintan una realidad alarmante bajo la administración panista de Cecilia Patrón.
Hasta la semana epidemiológica 29 de 2026 ya se reportan 3,165 mordeduras de perro, 157 más que en todo 2025 (5.2 % de aumento) cuando aún faltan más de cinco meses. El gusano barrenador agrava el escenario: 14 de 15 nuevos casos estatales en perros, nueve en Mérida; luego la capital concentró 17 de 22 casos en una sola semana (77 %). La autoridad vincula varias heridas a peleas entre animales.
Esterilizar controla reproducción, no agresividad, jaurías ni riesgo sanitario. Si UMABA captura y luego libera, ¿qué evaluación sanitaria y conductual justifica devolver al espacio público a animales con antecedentes de agresión? Los hechos lo confirman: adulta mayor atacada en Los Héroes, gato muerto por tres perros en Leandro Valle y los canes que entraron al Centenario y mataron animales.
Mordeduras, peleas y barrenador ya salieron del terreno exclusivo del “bienestar animal”. La secuencia es clara: perros sin supervisión → ataques → heridas → exposición sanitaria. El Ayuntamiento puede exhibir campañas y cifras de esterilización; los números obligan a preguntar cuántos ataques y riesgos realmente reduce. Las campañas miden actividad. Las mordeduras miden resultados.
El bienestar animal no está en duda. La eficacia de la política municipal, sí.

