Mérida se cae a pedazos entre baches interminables, parques abandonados y luminarias chinas inservibles que se apagan en una semana. Detrás de esta crisis no hay casualidad, sino un evidente entramado de corrupción y desfalco en el Ayuntamiento panista, orquestado bajo el amparo de la alcaldesa Cecilia Patrón.
Las miradas apuntan directamente a la Dirección y Subdirección de Servicios Públicos. Ambos funcionarios no solo mantienen en deplorables condiciones espacios emblemáticos como el Centenario, sino que han convertido a la dependencia en un botín personal. Empleados municipales denuncian el saqueo impune de materiales para su reventa, el desvío de bancas públicas hacia un terreno en Susulá perteneciente a una persona allegada a la alcaldesa, y el tráfico de influencias donde trabajadores operan carpinterías privadas o facturan obras propias al mismo Ayuntamiento.
En lugar de ordenar una investigación exhaustiva a través de la Contraloría Municipal, Cecilia Patrón opta por el silencio y el encubrimiento. Sus visitas a campo y fotografías junto a estos personajes operan como un aval explícito a la impunidad. La red de corrupción es un secreto a voces entre la plantilla laboral: el saqueo continúa porque alimenta directamente la caja chica para la campaña de imagen de “La Chula”. Hoy, mientras tres responsables se reparten el botín, Mérida permanece en el absoluto abandono.

