Como advirtió Renán Barrera, los nombres que hoy se imponen en el PAN yucateco son los del grupo de Mauricio Vila y en menor medida, los de Cecilia Patrón Laviada. El pastel ya se repartió entre ellos, dejando en evidencia el absoluto descontrol que reina en el partido.
Lo más grave es que Vila sigue dominando sin contrapesos. Su gente avanza, ocupa espacios y deja atrás a los cuadros de Cecilia Patrón, que quedan reducidos a una presencia decorativa. No hay negociación real: hay imposición. El vilaísmo aplastó cualquier pretensión de equilibrio.
El PAN de Yucatán vive su momento más oscuro. Es un partido fracturado, sin rumbo y sin autoridad moral. Las rivalidades internas se comen cualquier posibilidad de unidad. Mientras unos se reparten cargos y privilegios, el resto observa cómo el proyecto se desmorona. La desconfianza, el rencor y la ambición personal han terminado por destruir lo poco que quedaba de cohesión.
Hoy se confirma todo lo que Renán Barrera señaló: el PAN yucateco está deshecho. No hay liderazgo claro, no hay proyecto colectivo, solo una lucha miserable por el poder que debilita al partido y lo vuelve irrelevante. El “humo blanco” no anuncia paz: anuncia la victoria de una facción sobre otra y la derrota de todos.

