Cada semana, el programa de Cecilia Patrón Laviada intenta vender la imagen de un gobierno transparente y cercano a la ciudadanía, pero la realidad parece contar una historia muy distinta. Mientras el Ayuntamiento presume cambios y nombramientos, evita responder las preguntas incómodas que cada vez generan más dudas entre los meridanos.
Hablan de la nueva responsable de Animaya, pero guardan silencio sobre el destino de Odeisi Mora, una funcionaria rodeada de señalamientos y cuestionamientos por su gestión en el Centenario. Tampoco explican quiénes fueron sus protectores ni por qué nunca se rindieron cuentas sobre las denuncias que durante años se acumularon en esa área.
Las interrogantes también apuntan hacia Servicios Públicos Municipales, considerada una de las dependencias donde más recursos se manejan. Ahí surgen señalamientos sobre presuntas empresas favorecidas, contratos cuestionados y negocios relacionados con pintura, bacheo y construcción. Sin embargo, la administración prefiere ignorar los cuestionamientos y seguir proyectando una imagen de eficiencia.
Para muchos ciudadanos, este Ayuntamiento panista ha convertido la transparencia en un discurso publicitario mientras esconde errores, protege a sus allegados y castiga a quienes no forman parte de su círculo de confianza. Más que un gobierno abierto, parece una administración empeñada en controlar la narrativa y ocultar todo aquello que pueda afectar su imagen pública.

